Hace un par de días salí de mis clases y me dirigí con mi novio a la avenida Tacna. Como quien pasea un poquito, decidimos pasear un ratito por la plaza de armas. En el camino notamos que las calles estaban alumbradas por luces navideñas lindamente descoordinadas (todas tocaban villancicos a su propio ritmo y se prendían y apagaban a destiempo).
Cuando llegamos a la plaza de armas casi nos quedamos ciegos. Habían esferas forradas de foquitos de colores ordenadas de forma piramidal, dando la impresión de un árbol; también estrellas enormes y forradas de más foquitos que rodeaban la pileta central; no olvidar el árbol de navidad enorme que había dentro de el patio del Palacio de Gobierno.... Ap! también habían unos muñecos de tamaño natural en uno de los balcones de las edificaciones que rodean la plaza. En una parte del átrio de la catedral, habían acomodado una suerte de escenario donde unos niños disfrazados de muchas cosas (entiéndase: angelitos, princesitas, trajes de bailes típicos, más angelitos, etc) se disponían a cantar villancicos y a bailar danzas peruanísimas para sus atentos espectadores. Antes de sufrir convulsiones por los pseudo-toribianitos, retomamos (huímos a) nuestro camino y pasamos por Jirón de la Unión. Llenísimo de gente como siempre, pero ahora era diferente... No sé si fue por las luces navideñas de colores complemetarios (azul, blanco y naranja) que cubrían el jirón desde muy arriba (por los postes), por los vendedores de cosas tan "útiles para ese día tan especial", por la sensación de frescura que te da esta época del año, por la buena compañía o por la combinación de todo, pero se sentía riquísimo poder caminar de la mano de mi persona favorita, sonriendo babosa y emocionadamente enamorada, observando como la gente caminaba no-triste, escuchando la música de esos prospectos de toribianitos, una que otra risa escandalosa de algún turista igual de escandaloso... todo eso me parecía perfecto.
Ya a pocas cuadras de llegar a la avenida Tacna, noté que las calles iban perdiendo su color, la gente caminaba menos no-tristes y más preocupadas y apuradas, todo iba haciédose incómodamente silencioso y se iba perdiendo ese ambiente de festividad... Ya llegamos...
(Algunas fotos mal tomadas de la plaza de armas)
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